Historia Especial.

“LAS SOCIEDADES CAMBIAN, PERO EL PASADO NO PASA”

El venezolano es un encuentro de culturas: indígena, negra, europea, asiática. Comparte geografía e historia, raíces, herencia, trabajo, grandes ensueños, esperanzas y al mismo tiempo carencias, llanto, lucha, dolores, desasosiego y desesperanza.

Cristóbal colón se consiguió con una tierra rica en minerales y seres humanos que vivían en un mundo desconectado, pero propio. Poco a poco los conquistadores fueron sometidos a los indígenas. Pasaron los años y los nativos de la región, posteriormente llamada Venezuela, siguieron formando parte de una cultura que no les pertenecía.

Siglos después. Simón Bolívar decide luchar por la independencia de Venezuela. Pero la independencia no se hizo para los pobres, sino para los que más tenían que perder. La independencia deja lo que negamos: horror, hambre y ruptura de la legalidad. Bolívar se convirtió en nuestro libertador y en uno de los primeros gobernantes del pueblo venezolano.

Desde entonces, Venezuela ha tenido muchos cambios. Ha sido víctima de gente inescrupulosa, de manipuladores, caudillos, déspotas, dictadores y politiqueros de oficio. El pueblo confiado, en varias ocasiones coronó a líderes equivocados, quienes después de lograr el poder convirtieron al país en su propio reino. Uno de ellos, Juan Vicente Gómez, andino venido de una finca. Aplicó el terror y el miedo. Hizo de su gobierno la más cruel de las dictaduras.

El de Gómez fue un gobernante ignorante y ladrón, responsable de los crímenes más abominables. Tenía el Ejército mejor organizado de América Latina y controlaba  la sociedad con hombres fuertes. Sin embargo, con Gómez comenzó la Venezuela moderna, la unificación física del país a través de una red de carreteras, el surgimiento de la banca y el comercio. Luego de su muerte se inicia una intensa actividad política.

Más adelante llega el poder el General Marcos Pérez Jiménez. Su gestión estuvo signada por el disfraz del nacionalismo, por grandes negociados, irrespeto a la autonomía de los  poderes, mano férrea contra sus enemigos políticos, asesinatos, torturas, censura rigurosa de prensa, cárceles y exilio. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se hicieron las grandes construcciones de carreteras, autopistas, edificios e instalaciones de electricidad.

Como consecuencia de un movimiento político subterráneo que desemboca en el 23 de enero de 1958, se registra la caída de Marcos Pérez Jiménez. Se abre un nuevo camino. Gracias a la incansable y sostenida lucha de hombres de la tenacidad de los dirigentes políticos Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba, entre otros, nace el sistema democrático. Para que surja otro proceso tiene que haber la decadencia del proceso anterior.

Otros gobernantes han desfilado por la golpeada y sobre Venezuela, con aciertos y desaciertos, debilidades y fortalezas. La siembra de la democracia ha tenido dificultades. En su desarrollo, igualmente, hemos tenido de todo: corrupción desmedida asesinatos, rebeliones, atentados, pobreza, persecuciones políticas y las más increíbles injusticias. También ha dado sus frutos positivos: construcción de escuelas, universidades, autopistas, hospitales. Obra que hoy sufren del más completo abandono y deterioro, en  su mayoría.

No podemos olvidar la influencia determinante de la actividad petrolera, antes y durante el proceso de democratización del país. El petróleo le ha servido al venezolano en las buenas y en las malas. Por eso cabe la paradoja: “tener tanto para no poder”.

El venezolano convive con la desnutrición, desempleo, huelgas y paros inflación, caída y subida del precio del dólar, inseguridad social, delincuencia y merma en el poder adquisitivo. Vive entre el pesimismo y el optimismo. Entre los que se quieren ir del país porque ya es imposible seguir viviendo aquí, porque esto es una porquería, porque bo hay nada que hacer, y quienes piensan que es necesario continuar luchando porque nada es para siempre y no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.

Vivimos en un país con muchos problemas, que atraviesa situaciones difíciles y complejas, las cuales  producen estados de zozobra e incertidumbre. En una Venezuela maltratada por el estruendoso fracaso de los programas políticos, sociales y económicos.

Somos un pueblo que parece haber perdido  su visión histórica, su memoria histórica. Da la impresión de ser un pueblo sin rumbos, sin visión ni misión. Estamos sumergidos en una experiencia de contrastes. Lo bueno se confunde con lo malo, lo hermoso con lo feo, lo trágico con lo placentero. Sin embargo, seguimos esperanzados con un cambio de ruta porque aún no hemos tocado fondo.

Del proceso venezolano han surgido hombres corruptos, delincuentes y cobardes, pero también con mucho coraje, creativos e idealistas. Seres como los últimos son los que necesita el país para seguir adelante y construir una sociedad progresista y unida. Tenemos que aprender a tomar en cuenta lo que somos. A sustituir expectativas en realidades y no en falsedades. Es una de las maneras de desmontar los mapas de subdesarrollo y marginalidad.

La democracia ha sido una experiencia de mucho dolor y crecimiento y debemos continuar luchando para que no desaparezca. Unidos todos, respetando las ideas del otro, manejando las diferencias, negociando, dialogando, para construir un país integrado y no fragmentado, con iniciativas propias o modelos positivos y exitosos, pero que nos sirvan, que nos sean útiles, que no desentonen con nuestra manera de ser, que no atenten contra una forma de vida, un estilo, un pasado, un presente y un futuro.

La mayoría de los venezolanos es gente trabajadora, honesta, sensible, sincera, amable, simpática, vencedora de obstáculo de gran capacidad de brega, llena de principios y valores tropezando con mucha dificultades y las hemos enfrentado con decisiones efectivas.


Ángel Lesma

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